Reflejos

©2010 Lorena Cejudo/All Rights Reserved. Puerto Aventuras, México.

Amigo que te quejas de mi inconsistencia y justificas tu enojo con mis faltas. Cuando al no encontrarme se desbordan tus miedos y queda el dolor viejo al descubierto, te asustas de ti y apuntas el filoso dedo hacia mí. Acuerdo tácito de amigos y promesas de amantes: “Ven cuando te llamo, cubre mis culpas con tu amor”. Cobardía humana, susto tan perdonable, te abrazo, te cuido, te hago sonreír. Hazlo más entretenido, despierta del letargo, mira ya al espejo hazle cosquillas. Aquí estoy.

5 Comments on “Reflejos

  1. Mi amigo me cuenta que no le reprocha que cambiara de rumbo, hizo lo que debía y lo que le dictaba el corazón. No se enoja, porque ella no falló. Sí que se ahoga en sus miedos al no encontrarla, y efectivamente queda en carne viva su dolor viejo -hay heridas que el tiempo no cierra. Quizás sea cierto que se asusta de él mismo -me dice- pero no acusa con el dedo, acaso con el silencio. Me dice que él está presto a la llamada de ella, para cubrirla de amor, no quiere saber de culpas, no lleva cuentas. Se siente cobarde y asustado, sin duda, pero ya no tiene ni sus abrazos ni sus cuidados ni su sonrisa. Está aletargado, como aletarga el hambre y la desesperanza. Limpia cada mañana el polvo del espejo de la casa que inventó para ella, que descubrió temblando emocionada, y en la que le prometió que nunca más volvería a pasar frío. Y en esa casa se muere de frío cada noche, acariciando -ya sin lágrimas, se agotaron- un espejo al que ella ya nunca se asoma. Una y otra vez le hace cosquillas -cada vez de forma más tenue, por no importunar, por no pedir- pero ella ya no está. No todos tienen la suerte de tu amigo.

    • Escribes como escriben los poetas y en nombre de tu amigo cimbras mi corazón. No disturbes tus sueños por tu amigo que tanta suerte tiene al ser cobijado por tu voz. Asustados estamos todos cuando el aparente “amor” en que ponemos nuestra fé nos muestra su espalda tan de frente. La amistad y el amor terminan por absorberse, confundirse, lamentarse, tantas veces. Hoy vislumbro que si hay final es únicamente para lo finito en el nosotros, para aquello que hay que soltar, dejando en pie y como sostén sólo a lo eterno que no es necesariamente como lo esperamos al soñar e imaginar. A veces la fuerza del vacío es el regalo del descubrimiento de una luz que alumbra más que mil caricias ardientes de un amor desesperado. Mis palabras suenan duras, pero llevan un regalo. Mi corazón también se ha roto para descubrir desde su interior una semilla dispuesta a renacer tal vez no en la forma que me imaginé, sino en la promesa de paz profunda que tanto nos merecemos todos los que nos descalzamos al camino de un mejor amar. Gracias por tus palabras, y besos a tu amigo con mis deseos de que al final de nuestros pasos terminemos todos juntos haciéndole cosquillas a las flores. Yo no me voy de mis amigos… seguramente ella tampoco.

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